Pero antes de entrar en materia no quiero dejar de comentar -aunque sea un poquito- mis impresiones sobre el estreno de la sexta temporada de Lost.
(Spoilers a partir de aquí)
Fui remolón para ver el capítulo doble y, para ser honestos, me dejó una sensación rara. Los que siguen este blog saben que me pasa mucho con Perdidos: me divierte y me enfada. Como siempre, el piloto tuvo varias cosas muy buenas y algunas flojitas, flojitas.
Las buenas: ese travelling larguísimo -prodigio de producción- hasta llegar a la isla sumergida, la tensión narrativa, los sutiles detalles dramáticos en el avión y, sobre todo, el feliz hallazgo de una nueva estructura, clásica en la ciencia ficción. Me gustó mucho que, tras los flashbacks y los flashforwards, ahora apostaran por la novedad de una realidad alternativa tras un incidente trágico (la explosión causada por Juliet). Las posibilidades que abre este giro son muchas y excitantes, sobre todo por las conexiones entre los supervivientes de la isla y el mundo paralelo de Los Angeles. Y, como es típico, con elementos bisagra entre ambos sucesos, como el ataúd o el "desaparecido" Desmond (que ya fue capaz de viajar en el tiempo, como se puede ver en la cita audiovisual de acá a la derecha, por cierto, cuando las constantes aún eran constantes...).
Fue un episodio interesante, con muchos buenos detalles. Pero, como siempre pasa en Lost, sus virtudes pueden convertirse también en sus mayores lastres. Porque es una serie que, básicamente, siempre está abriendo nuevas posibilidades.
Y así llegamos a lo que menos me gustó de "LA X":
Me revolví cuando vi a Juliet viva. ¡Hombre, hombre, que aquello no era un simple petardo, leñe...! Pero, bueno, al final muere. Vaaale.
Que Locke no sea Locke, me lo trago también; entra en el pacto de lectura. !Pero eso de que se convierta en humo negro, ejem, ni que esto fuera Supernatural! ¿O sí?
¿Aquello es una isla o un continente? ¿Cómo es posible que aún existan territorios inexplorados y tanta gente pululando por allí? Los del templo "japonés" son la cuarta tanda de "otros" que habitan la isla. ¿De verdad cabe tanta gente ahí, amigos? Desde luego, el concepto de isla desierta ha reventado. Por lo de desierta, digo...
Desde el maquillaje al vestuario, los habitantes de ese misterioso templo donde conducen al (de repente trascendental) Sayid les han quedado un poco de cómic, la verdad. No podía dejar de recordar Indiana Jones y el templo maldito cada vez que aparecían.
La resurrección de Sayid fue un golpe de efecto indudable. Pero con su deriva hacia la ciencia ficción y el cine fantástico (e, incluso, religioso), voy asumiendo que en Lost todo vale y que no necesito ningún porqué. Así que no me sorprendió que un muerto se levantara. ¡Quia!
Ése es el gran problema, ¿cómo asombras a un público que ya espera tu sorpresa?


